Zarpazo letal del Ceuta en El Molinón (1-2)
Una ráfaga goleadora en el primer acto condena a los rojiblancos y otorga tres puntos de oro al conjunto caballa en su particular lucha por la permanencia

La tensión era palpable en el césped de un Estadio El Molinón-Enrique Castro Quini que congregó a más de 14.000 almas para presenciar la 38ª jornada de la Liga Hypermotion. El Real Sporting de Gijón llegaba al choque con urgencias históricas, pero se topó con un muro norteafricano que supo asestar el golpe en el instante preciso. El 1-2 final deja un sabor amargo en la parroquia local, que observó con impotencia cómo la Agrupación Deportiva Ceuta se llevaba a casa un botín invaluable, cimentado en la contundencia de sus transiciones y el estoicismo de su zaga.
Cinco minutos de puro frenesí
El pitido inicial del colegiado Sánchez Villalobos dio paso a un primer tramo de riguroso estudio táctico. El cuadro asturiano intentó llevar la batuta mediante posesiones horizontales, pero el esquema propuesto carecía de la verticalidad necesaria para perforar el entramado forastero. El Ceuta, ordenado y solidario en las ayudas, aguardaba agazapado en su parcela, achicando espacios y apostando por contragolpes eléctricos que pronto comenzarían a inquietar a la retaguardia local.
La aparente calma se quebró de forma abrupta al rebasar el ecuador de la primera mitad, desatando una tormenta perfecta de cinco minutos. En el 25′, un fatídico desajuste defensivo terminó con el zaguero Andrés Cuenca introduciendo el esférico en su propia portería y silenciando las gradas. Apenas tres minutos después, con un Sporting todavía noqueado por el infortunio, una centelleante cabalgada al contragolpe conducida por Kuki Zalazar encontró a Konrad de la Fuente; el atacante estadounidense no perdonó y fusiló la red con un zurdazo impecable desde el corazón del área (0-2). El orgullo gijonés reaccionó casi por instinto, y en el 30′, Gaspar Campos cazó un rebote en la corta distancia para batir al meta con un remate raso de pierna izquierda, recortando distancias y devolviendo el pulso al encuentro antes del descanso.
Asedio infructuoso y cerrojo caballa
Tras el paso por los vestuarios, el Sporting se lanzó a tumba abierta, monopolizando el esférico y embotellando a los visitantes en su propio tercio del campo. Los rojiblancos buscaron percutir por los costados para desdibujar la muralla blanquinegra, acumulando hombres en la frontal del área. Sin embargo, pese al aluvión de centros laterales y el empuje territorial, el equipo ceutí se erigió como un frontón de hormigón, despejando cada balón aéreo y cerrando todas las líneas de pase interior con una disciplina marcial.
Consciente del desgaste, el banquillo visitante ejecutó sus permutas con precisión quirúrgica para oxigenar el bloque y frustrar el ritmo del partido. Las incursiones de efectivos como Domènech, Matos y, posteriormente, Campaña, sirvieron para trabar la circulación asturiana y arañar segundos vitales al cronómetro. Los minutos finales se diluyeron entre interrupciones continuas y el nerviosismo de un Sporting que embistió más con el corazón que con el libreto. El sexto minuto de añadido dictó sentencia, confirmando la ineficacia del asedio local.
El pitido final certifica una victoria de prestigio que supone un balón de oxígeno vital para el Ceuta, permitiéndole superar precisamente al Sporting en la tabla y acariciar la salvación matemática. En la otra cara de la moneda, la escuadra rojiblanca prolonga su caída libre en el mes más decisivo del campeonato, hundiéndose en una dinámica destructiva que pone a prueba el límite de la paciencia en la ribera del Piles.
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Redacción de Marcador al Día