El Burgos asalta Los Cármenes en el 90′
David González Ballesteros decantó un choque espeso en el tiempo añadido, metiendo a los visitantes en la pelea por el ascenso frente a un inofensivo cuadro nazarí

La suave tarde primaveral trajo consigo un ambiente desangelado al césped del Estadio Nuevo Los Cármenes, escenario de un duelo táctico y encallado que terminó resolviéndose por la mínima (0-1). El tedio generalizado en la grada local contrastó con el estallido de euforia de la afición burgalesa desplazada, en un encuentro donde las carencias en la elaboración del equipo local quedaron al descubierto, facilitando el asalto in extremis de un Burgos que, por coraje y fe, se negó a dar por finalizada su temporada.
Un letargo de juego horizontal
El pitido inicial dio paso a cuarenta y cinco minutos marcados por la imprecisión y el juego excesivamente horizontal. El Granada, dominador estéril de la posesión, intentó sacudirse la modorra mediante latigazos lejanos de Pablo Sáenz y Rubén Alcaraz que ni siquiera obligaron a intervenir al guardameta Ander Cantero. Frente a ellos, la escuadra dirigida por Luis Miguel Ramis se parapetó en un bloque rocoso, aguardando el error rival sin desproteger su retaguardia. En este primer acto huérfano de ocasiones manifiestas, las cartulinas amarillas tempraneras a Pau Casadesús (11′) por el bando local y a Miguel Atienza (33′) por el visitante fueron las únicas incidencias reales en la libreta arbitral, despidiendo al descanso un partido con claro déficit de ritmo.
Éxtasis visitante sobre la bocina
Tras el paso por los vestuarios, el guion amenazó con perpetuarse, aunque el cuadro andaluz pisó el acelerador en el último tercio del campo y rozó la ventaja con dos disparos a la madera de José Arnáiz. Sin embargo, la falta de acierto desembocó en frustración, traduciéndose en una catarata de amonestaciones consecutivas para los rojiblancos: Sergio Ruiz (58′), Bambo Diaby (60′), Alex Sola (66′) y el propio Alcaraz (68′) vieron la amarilla, reflejando la impotencia local. Cuando el empate sin goles parecía esculpido en piedra, llegó el giro dramático. En el minuto 90, un avance burgalés obligó al arquero Ander Astralaga a abandonar su área chica; el rechace quedó a merced de David González Ballesteros, quien empujó el balón a la red a portería vacía, silenciando el feudo granadino y desatando la catarsis en el banquillo castellano.
Gracias a este asalto en la agonía del cronómetro, el Burgos da un paso de gigante para clasificarse para el ansiado playoff, escalando hasta los 64 puntos y recuperando el instinto ganador en el tramo más decisivo. Por su parte, el Granada se estanca en la decimocuarta plaza y llega al final de liga como un espectador de lujo sin jugarse absolutamente nada.
✍️ Álvaro Sanabria
Redacción de Marcador al Día